viernes 22 junio 2018 Nuestra América Contenidos Latinoamericanos

Nuestra América

http://nuestraamerica.info

Medio Oriente

Algo se mueve

Fecha de publicación: 15 febrero, 2002

Una vez vi en un Western a un piel roja (o debiera decir ms bien estadounidense nativo?) aplicando su odo al suelo y escuchando un tren a decenas de kilmetros de distancia…

A travs de los aos he tratado de imitar al indio. Trato de escuchar los cambios en el humor del pblico antes de que aparezcan en la superficie. No para profetizar, no para adivinar, slo por escuchar.

Ahora percibo que se acerca una gran ola de oposicin a la sangrienta guerra contra los palestinos (apodada `La paz de los asentamientos` siguiendo el nombre dado a la invasin del Lbano en 1982, `Paz de Galilea`). La revuelta de los soldados que se niegan a servir en los territorios palestinos ocupados es un sntoma importante, uno de muchos.

Hemos visto en el pasado varias pocas similares de gran agitacin pblica, que comienzan con ruidos opacos y crecen rpidamente hasta convertirse en una airada protesta pblica. Una ola semejante se alz durante el caso Lavon en los aos 50 y llev a la destitucin de Ben-Gurion. Otra llev a Moshe Dayan al Ministerio de Defensa en las vsperas de la Guerra de Seis Das de 1967 (conducida por las mujeres apodadas `Las alegres comadres de Windsor`), y la siguiente lo destituy a l y a Golda Meir despus de la guerra de Yom Kipur. Una ola parecida sac al ejrcito israel de Beirut, y ms tarde del Sur del Lbano (dirigida por el movimiento de las `Cuatro Madres`.)

El mecanismo puede ser comparado con la transmisin por engranajes. Una rueda pequea con una propulsin fuerte, independiente, mueve otra rueda ms grande, la que por su parte mueve una rueda an ms grande, y as sigue hasta que toda la clase dirigente cambia de orientacin. Es como sucede en Israel, es como sucede en todas las democracias (vase: Vietnam).

Siempre comienza con un pequeo grupo de gente comprometida. Alzan sus dbiles voces. Los medios de comunicacin los ignoran, los polticos se burlan de ellos (`un pequeo grupo marginal y vociferante`), los partidos respetables y las antiguas organizaciones establecidas fruncen el ceo y se distancian de sus `consignas radicales`.

Pero poco a poco comienzan a hacer impacto. La gente abandona a las organizaciones respetables (es decir ligadas a la clase dirigente) y se unen a los grupos que luchan. Esto obliga a los dirigentes de las organizaciones a radicalizar sus consignas y a unirse a la ola. El mensaje se difunde a travs de los partidos. Los polticos que quieren ser reelegidos adoptan las nuevas consignas. Periodistas `importantes,` que sirven de veletas, huelen el cambio y se adaptan a tiempo para la nueva corriente.

La famosa antroploga Margaret Mead dijo al respecto: `Nunca duden de que un pequeo grupo de ciudadanos juiciosos, comprometidos, puedan cambiar el mundo. Por cierto, es lo nico que alguna vez lo haya logrado`. Y el filsofo alemn, Arthur Schopenhauer, dijo: `Toda verdad pasa por tres etapas: Primero, es ridiculizada. Segundo, enfrenta una violenta
oposicin. Tercero, es aceptada como evidente`.

Ahora vuelve a suceder. Es difcil establecer el momento exacto en el que comenz tal vez despus de la demolicin de unas 50 casas en el campo de refugiados de Raf. O en la reunin de masas convocada por Gush Shalom en Tel-Aviv, cuando el coronel Yig`al Shochat, que perdi una pierna en la guerra de Yom Kipur, apel a sus camaradas, los pilotos de la fuerza area, a que se negaran a ejecutar rdenes que son manifiestamente ilegales, como bombardear ciudades palestinas, y cuando el filsofo Adi Ophir propuso que se abrieran actas sobre los oficiales del ejrcito israel que cometen crmenes de guerra. Repentinamente el pblico despert a la posibilidad de que se estn cometiendo crmenes de guerra en su nombre. Se rompi el bloque mental, comenz una discusin pblica sobre los crmenes de guerra, y por consiguiente sobre la ocupacin misma.

El anuncio por 50 oficiales y soldados de la reserva de que se niegan a servir en los territorios ocupados, rompi una represa. La cantidad de refuseniks creci rpidamente, el fenmeno estremeci al establishment militar-policial. Por primera vez, los dirigentes del establishment vieron en sus pesadillas la posibilidad de un gran levantamiento de soldados diciendo: Hasta aqu llegamos, no continuamos. Cuando las encuestas de la opinin pblica mostraron que cerca de un tercio del pblico judo apoya a los refuseniks, el pnico aument. Al mismo tiempo, cientos de israeles visitaron al sitiado Yasser Arafat en Ramal.

Y luego vino la gran manifestacin conjunta de los movimientos militantes por la paz (`La ocupacin nos mata a todos!`) en la Plaza del Museo de Tel-Aviv. Organizaciones que se haban acostumbrado durante los ltimos 16 meses a tener manifestaciones de cien, doscientas, personas, se vieron ante diez mil manifestantes entusiastas, que haban dejado atrs la desesperacin y que exigan accin.

Esta manifestacin tuvo, por cierto, un impacto sobre la `izquierda establecida-,` que ahora se ve obligada a confrontar el nuevo clima entre su propio pblico.

Es el comienzo de un proceso. Nadie puede saber todava hasta qu punto llegar a ser poderoso y hasta dnde ir. Pero una cosa es segura: algo est sucediendo.

Traducido por Germn Leyens

(fuente: rebelion.org)

Última modificación: 15 de febrero de 2002 a las 00:00
Hay 0 comentarios
captcha
Quiero ser notificado por email cuando haya nuevos comentarios.