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Bolivia - Análisis

Bolivia y los nuevos golpes de Estado

Fecha de publicación: 30 septiembre, 2008

Los últimos acontecimientos en Bolivia fueron nada más y nada menos que la crónica de un “golpe soft” (suave y no por eso menos violento) anunciado desde hace tiempo, y parte del esquema de la contrainsurgente Guerra de Baja Intensidad (GBI) a la que estamos sometidos todos los países de América Latina y el Caribe.

Todo esto en los diseños remozados de la actual Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos y los esquemas de la Seguridad Hemisférica.

Estamos en el escenario de las “guerras preventivas, infinitas, sin fronteras” que ampulosamente anunció George W. Bush en 2001, estableciendo que en un solo “decreto” global dejaban de existir las soberanías nacionales y no había lugar en el mundo que quedara fuera de sus necesarias “fronteras seguras”.

Cuando el presidente de Bolivia, Evo Morales, decidió el 10 de septiembre pasado expulsar al embajador de Estados Unidos en su país, Philip Goldberg (experto en divisionismos, atizar enfrentamientos étnicos, crear secesionismos y otras lindezas), el golpismo estaba profundizando sus estrategias.

Morales sabía bien el trabajo realizado por Goldberg, enviado a Bolivia en 2006 desde sus últimas y prolíficas guerras sucias en diversos lugares del mundo. De hecho ya había presentado datos, pruebas, documentos, testimonios de lo actuado por el diplomático de la GBI en su país, en constante conspiración con inestimables amigos nazis de Croacia y otros similares.

El canciller David Choquehuanca debió dar pasos seguros y rápidos para que se cumpliera la expulsión en el menor tiempo posible. “Hermanas y hermanos, el embajador es experto en dirigir conflictos separatistas”, dijo sin dudar Evo Morales a su pueblo y ratificó todas las denuncias que antecedieron a este paso diplomático.

Es el embajador de Estados Unidos quien conspira contra la democracia y el que busca la división de Bolivia, dijo Morales cuando condenaba la brutal violencia criminal de los grupos separatistas, viejos paramilitares y parapoliciales y mercenarios que actuaron en las regiones gobernadas por prefectos opositores con relación directa con la embajada estadounidense. “No queremos gente separatista ni divisionista ni que conspire contra la unidad, no queremos personas que atenten contra la democracia”, resumió Evo en su histórica decisión.

Poco antes, el empresario croata nazi y dirigente “cívico” de Santa Cruz, Branco Marinkovic, había anunciado en Miami, unas horas antes de regresar a su país, el inicio de la guerra sucia. En horas, los grupos organizados para sembrar terror, como lo habían hecho junto a los peores dictadores que conoció Bolivia, estaban en las calles matando, saqueando, saltando instituciones públicas de la nación boliviana, incendiando y destrozando todo a su paso.

Nuevas armas: medios y ONGs

Lo que está sucediendo en Bolivia es una puesta en escena de un nuevo tipo de golpes, que no necesariamente requiere del típico esquema de los militares saliendo de los cuarteles y apropiándose de los gobiernos. Pero detrás de estos siempre estaban encubiertos, “sin ensuciarse las manos” los sectores oligárquicos, las derechas golpistas, los terratenientes, los dueños del poder, en realidad.

El actual mecanismo tiene varias fases, aunque son muy fáciles de advertir, si se conoce cuál es la estrategia del imperio para la región. Pero en todos los casos ahora es fundamental el uso golpista de los medios de comunicación en manos de ese mismo poder que avaló todas las dictaduras criminales en América Latina.

Un “general” con un micrófono y un canal de TV de amplia cobertura es hoy mucho más útil que un tanque y tiene menos resistencia en la población, que es “atacada” con una saturación informativa, la misma que le hizo posible a Goebbels disciplinar a una mayoría del pueblo alemán detrás del sueño demencial de Adolf Hitler.

Ya con esa “arma” nueva de destrucción masiva y los trabajos avanzados de la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo) y la Fundación para el Financiamiento de las Democracias o Nacional Endowment Foundation (NED), y todas las Organizaciones No Gubernamentales que estas y otros organismos de Estados Unidos alimentan, tienen una buena parte de avanzada en su invasión silenciosa sobre nuestros países.

Guerra psicológica

Las acciones del “golpe suave” están dirigidas a varios frentes: “ablandar” a un gobierno, atacándolo en forma cotidiana, distribuyendo información falsa, rumores, desacreditando no sólo política sino personalmente a los presidentes y funcionarios hasta extremos de una perversidad asombrosa. Es la “guerra psicológica”. Deslegitimar, degradar al blanco elegido, “matarlo civilmente”, son acciones cotidianas.

Infiltrar, por otra parte, movimientos sociales, sindicales, políticos, profesionales, estudiantiles, habida cuenta de que las dictaduras militares ya habían limpiado el camino de dirigencias de izquierda sólidamente preparadas y que el neoliberalismo coptó y destruyó todo lo que pudo a su paso en esas mismas áreas.

La CIA entiende claramente que han surgido nuevos movimientos, aparentemente de izquierda, pero que en realidad, harán un trabajo inestimable junto a las derechas o cumpliendo su papel “ultrarevolucionario” en muchos casos, para producir verdaderos saltos al vacío. Todo esto está sucediendo a ojos vistas y esa mancuerna de ultraderechas con grupos de posiciones de ultraizquierda —a los que deberíamos calificar en otros términos para no ofender a la izquierda real— a los que se le da todo el espacio y la cobertura televisiva, producen un estado confusional en una población inerme ante el terrorismo desideologizante de los medios del poder.

Las estrategias de los golpes “suaves” les permitieron actuar con mucha precisión en las ex repúblicas soviéticas, para anexarlas a sus proyectos. Eran sociedades golpeadas, confundidas, desencantadas.

Hay varios ejemplos clásicos de esto. Pero en América Latina varios de estos “golpes suaves”, si bien han quebrado a una parte de la sociedad, no han funcionado existosamente, porque esta es otra etapa en América Latina. En el caso venezolano —que es hoy por hoy de laboratorio para aprender de qué se tratan las nuevas tácticas y estrategias del eterno enemigo de nuestros países— el “golpe suave” dinamitado por los medios masivos de comunicación en manos del poder económico y hegemónico, fracasó ostentosamente en varios tramos.

Cacerolazos, paros patronales, campañas mediáticas hasta el golpe de estado cívico-militar en abril de 2002, cuando se intentó derrocar al presidente Hugo Chávez, no lograron el efecto esperado, sorprendiendo a los mentores de este nuevo engendro.

Ganó Morales

Con Morales tampoco les fue nada bien. Hay que recordar todo lo que hizo Washington para impedir que ganara las elecciones en 2005. Los millones de dólares invertidos y la desinformación fracasaron contra la muralla de un pueblo, que aprendió diversas estrategias de lucha en las carreteras y las calles contra el neoliberalismo. Un pueblo que fue capaz de hacer huir al hombre elegido por Washigton para la Bolivia neoliberal, Gonzalo Sánchez de Losada, corrido en octubre de 2003.

Morales ganó contra Estados Unidos, no sólo contra la oligarquía racista y fascista que ha marcado toda la historia de Bolivia en los últimos años. La misma que jamás hubiera pensado que un dirigente indígena iba a entrar como presidente de Bolivia al Palacio Quemado. Doble bofetada al imperio y sus lacayos locales.

Por eso decidió Washington mandar a Goldberg. Tenían un escenario “muy bueno” para los proyectos sececionistas. Una instalación fascista en Santa Cruz de la Sierra, de vieja data, pero enriquecida por los aportes croatas y de otras procedencias similares. Goldberg tenía amigos en esa Media Luna, a la que había que dinamizar para tratar de despedazar Bolivia, tantos años saqueada a manos de las transnacionales.

Incluso tenían los viejos “grupos de choque” con que la dictadura aterrorizaba a los campesinos, los indígenas y los pobres, los que tan bien habían servido para ser los hombres claves durante el tiempo en que se libró “la Guerra Fría”.

Era esta una buena matriz para la nueva oposición separatista y racista y para la paramilitar Unión Juvenil Cruceñista (UJC). Grupos que han sembrado el terror a través de los años. No han dudado de planear el asesinato del presidente Morales ni en buscar la “ayuda” de paramiliatres colombianos, de los mercenarios del mundo, para asesinar al pueblo boliviano. De todo esto hay pruebas. Nada más vale recordar la fotografía de Goldberg sonriente entre un empresario ultraderechista de Santa Cruz y un paramilitar colombiano, identificado por las autoridades bolivianas, que Morales mostró a los mandatarios de América Latina y a los propios funcionarios de Estados Unidos en los últimos encuentros presidenciales. Y no hay que olvidar a la derecha española, a los grupos terroristas cubanos americanos de Miami. Está todo en la misma bolsa.

Estados canallas, estados fallidos

Uno de los elementos claves del golpe, son las movilizaciones permanentes, que van dinamitando las bases gubernamentales y creando la imagen de ingobernabilidad. Un dinamismo de conflictos sociales, donde cualquier estudioso podría identificar una serie no genuina, sino armada por grupos afines a los planes centrales, y que en muchos casos, utilizan tragedias de la realidad que dejaron en lo social las dictaduras militares y neoliberales.

El crecimiento de la conflictividad social, las pérdidas por cortes largos de carreteras, las diversas formas de desabastecimiento, todo esto y muchas otras tácticas intentan llevar a los países a situaciones límites y entonces, los medios masivos atacan todo el día con la necesidad de terminar con lo que ellos designan son “las causas de todos los males”: los gobiernos elegidos para ser derrotados.

En los esquemas de seguridad hemisférica se habla de los “Estados canallas y los estados fallidos”. Qué mejor golpe que mostrar a “mandatarios que fracasan” especialmente si estos no son obedientes a los mandatos de la corona.

En diciembre de 2005, Evo Morales los derrotó doblemente al imponerse por el 53,74 por ciento. Después de todas las campañas, incluyendo paros camioneros, paros patronales, paros de grupos digitados por izquierda pero trabajados por la derecha y otros, en 2008 Morales los derrota por segunda vez con casi el 70 por ciento de los votos, en medio de una brutal campaña de desinformación y de reparto de dineros sucios.

Entonces, venía el otro paso: la violencia brutal. Ya anteriormente el secuestro de indígenas para llevarlos, arrodillarlos y flagelarlos públicamente como en la Edad Media, era un paso inusitado de provocación. En todo caso terminó jugando en contra de los racistas brutales y poniendo en guardia a algunos sectores en el mundo. Apoyar a esa derecha boliviana en esas condiciones sería un suicidio para sus pares de otros lugares del mundo con aspiraciones políticas.

Los intentos de golpes seguirán

En grandes rasgos, así llegamos a estos días, a las últimas semanas que comenzaron con movilizaciones ya desesperadas, detrás de las cuáles está supuestamente el tema de recuperar parte de los impuestos de hidrocarburos dedicados a las pensiones para miles de bolivianos que nunca existieron como ciudadanos de ese país. Parte de impuestos que los patrones de la Media Luna no quieren compartir con su pueblo.

También los miedos a una constitución que pretendía la mínima justicia con los miles y miles de campesinos que trabajan como esclavos en las tierras suyas pero que son de otros ilegalmente. Los prefectos de la Media Luna buscan que les dejen las manos libres para poner en marcha sus ilegales estatutos autonómicos, también aprobados en forma ilegal en plebiscitos marcados por el terror y desconocidos en todo el mundo.

La Renta Dignidad que permite entregar jubilaciones a más de 700 mil ancianos abandonados a su suerte y que se paga sólo con una parte de las enormes riquezas que entran a las arcas de los departamentos más ricos de Bolivia, es una “ofensa” para estos señores dueños de la vida y de la muerte en sus territorios feudales. No se han privado de nada, ni siquiera de realizar autoatentados contra algunas instalaciones nada importantes, para acusarlas al gobierno, como ya se ha comprobado.

Ahora habrá que ver si ya llegó el turno de que entren en escena algunos militares o policías, toda vez que con su secuela de muertes y horror, de torturas y persecuciones a campesinos desarmados, de destrucción, el Golpe Suave no logró desatar una cruenta guerra civil. En esos sectores también la embajada de Estados Unidos sigue teniendo sus huevos de serpiente. Toda una vida de golpes militares y de presencia de tropas y de entrenamientos, dejan sus huellas. Pero también la brutalidad derechista dejó víctimas entre ellos. Nada es lo mismo. Pero que los intentos de golpes seguirán, es seguro.

Estados Unidos necesita recuperar lo que siempre consideró su “patio trasero”. No será tan fácil ahora, a pesar de todo lo que ellos controlan en esta invasión silenciosa con la que estamos conviviendo.

Última modificación: 30 de septiembre de 2008 a las 03:18
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