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El último intento de las corporaciones

Fecha de publicación: 6 junio, 2011

La historia aborrece el vacío de dirección y tarde o temprano alguien lo llena, decía Carlos Marx. La alianza de Ricardo Alfonsín con Francisco De Narváez más la fórmula presidencial del radical con Javier González Fraga se parece mucho a esa desesperada búsqueda de las corporaciones por llenar el vacío de dirección política de la derecha frente al “hecho maldito del país burgués” que es el peronismo, al decir de John William Cooke, y que hoy en su variante lo representa el kirchnerismo, que asoma con fuerza como dirección política de grandes sectores populares.

En esta coyuntura y frente a las elecciones presidenciales de octubre no sólo se juega el futuro presidente de la República, sino el proyecto de país que tiene una íntima relación con su dirección política.

Las corporaciones encarnadas por la Sociedad Rural, Carbap y la Asociación de Empresarios Argentinos, entre otras instituciones que concentran gran parte de la riqueza y la producción del país creyeron que la derrota del kirchnerismo frente a la resolución 125 y en las elecciones legislativas de 2009, ponían fin a un gobierno y a un proyecto político.

En ese marco, consideraron que el vacío de dirección que experimentaban hasta ese momento sería llenado primero por Julio Cobos, luego por Eduardo Duhalde, Elisa Carrió o un acuerdo de todos en base a un eje programático que sería impuesto desde los grandes medios de comunicación y las corporaciones económicas.

¿Cuál era el esquema político-económico que regía en el país en las últimas décadas hasta la llegada del kirchnerismo? Que el poder político dictadura militar y luego radicalismo, menemismo y alianza delarruista respondieran a los planes de las corporaciones como simples correas de transmisión, esto es la dirección política de los grupos económicos concentrados.

El kirchnerismo, convertido en “hecho maldito del país burgués” hizo saltar por el aire esta regla de oro y plantó su propio proyecto, acorralando los planes corporativos basados en el ajuste económico permanente que cae sobre los sectores populares.
Tras la 125 y las elecciones de 2009, el kirchnerismo retomó su iniciativa política, sorprendiendo a la derecha y recuperando su caudal político que, en realidad no se había perdido, sino que carecía de una orientación política definidda, de una organización por la base.

Esto lo entendió el kirchnerismo y comenzó a delinear su estrategia para asumir de una manera concreta el rol fundamental, esto es, ser dirección política real del proceso popular que se había inaugurado el 25 de mayo de 2003, falencia que no veía hasta el tembladeral de la 125 y el 2009.

No es sólo la muerte de Néstor Kirchner que alumbró este nuevo proceso, sino la decisión política de tomar el caudal de base que permanecía intacto y que no había encontrado una vía para canalizarse.

¿Qué ocurrió en la derecha y los grupos concentrados? Que vieron derrumbarse sus expectativas de encontrar esa dirección para desalojar del poder al kirchnerismo.
El giro “a la derecha” de Alfonsín no debe sorprender, aunque representa el último intento de las corporaciones por encontrar una forma de acceder nuevamente al gobierno.

La UCR rompió el “frente progresista” con el socialismo y el GEN de Margarita Stolbizer no sólo porque el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, no aceptó un acuerdo con De Narváez, sino porque comprendió que el caudal de votos que le aportaba el “progresismo” no iba a resultar muy significativo para ganar las elecciones.
En este caso, apostó a todo o nada y “giró a la derecha” buscando votos en De Narváez y el peronismo disidente prometiendo a las corporaciones los planes que pensaban aplicar en caso de que el kirchnerismo hubiera capitulado frente a la derrota de la 125, es decir, eliminar las retenciones al agro y hasta plantgar la posibilidad de volver al sistema de las AFJP en el caso de las jubilaciones, por lo menos en la versión de González Fraga.

Duhalde y Mauricio Macri ya se anotaron en este esquema y prometieron apoyar a Ricardo Alfonsín. En el caso del peronista disidente en la segunda vuelta y en el del jefe de gobierno porteño respaldar la postulación del radical directamente en la primera vuelta.

Sin embargo hay un obstáculo para el ahora “frente de derecha” que pretende llegar al gobierno: su visión parece estar estancada en la coyuntura de la 125 y en las legislativas de 2009.

Desde esos acontecimientos hasta ahora se produjeron giros significativos tanto en la clase media antikirchnerista como en el “frente burgués”.

Parte de la clase media se volcó a respaldar a Cristina Fernández de Kirchner avizorando que sus intereses no coinciden con los de las corporaciones y en esto tiene que ver la voluntad del kirchnerismo de asumirse como dirección política.

De otra manera, no se entiende cómo Cristina encabeza las encuestas en Capital, convirtiéndose así en la primera candidata peronista que puede imponerse en las elecciones presidenciales en la ciudad.

Por otra lado, el “frente burgués” está dividido. Parte de la Unión Industrial Argentina comenzó a alinearse con el gobierno teniendo en cuenta el crecimiento del mercado interno que la favorece y tomó distancia de AEA.

Teniendo en cuenta estos factores, las corporaciones realizan su último intento de construir una dirección en base a una voltereta de último momento por parte de la UCR, que pasó del “frente progresista” al “frente de derecha”.

Todo indica que las elecciones presidenciales de octubre se van a dirimir entre una derecha abroquelada en el nuevo espacio generado por Alfonsín, González Fraga y De Narváez y el amplio y contradictorio espectro progresista que en gran parte ha encontrado su dirección en la Presidenta.

Última modificación: 6 de junio de 2011 a las 08:54
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